1. Nuestros antepasados se apartaron de la Ley de Dios
La historia bíblica es clara: el problema nunca fue la Ley, sino el corazón del pueblo. Desde el Sinaí, el Padre entregó Su instrucción para formar una nación santa, un pueblo apartado.
La Torá fue dada como pacto eterno. Sin embargo, generación tras generación, Israel se apartó, adoptó costumbres de las naciones y dejó de guardar los mandamientos.
El resultado fue dispersión, confusión e identidad perdida.
2. Jesús vino a rescatarnos de nuestra vana manera de vivir
Jesús de Nazaret no vino a fundar una nueva religión. Vino a rescatar a Su pueblo de una vida vacía, desconectada del pacto, y a restaurarnos a la obediencia del Padre.
Él enseñó:
“Si me amáis, guardad mis mandamientos.”
Su misión fue:
- Llamar al arrepentimiento.
- Restaurar el pacto.
- Introducir nuevamente a los dispersos a ser parte del pueblo de Israel.
- Confirmar la Ley, no abolirla.
No es abolición, es restauración.
3. Las profecías de Daniel y el último imperio
El profeta Daniel anunció una secuencia de imperios que dominarían la historia. El último sería el Imperio Romano.
El Imperio Romano no desapareció, sino que se transformó. Cambió su estructura política visible, pero mantuvo su influencia cultural y religiosa.
Con el tiempo, el cristianismo institucional adoptó elementos influenciados por Roma. El resultado fue una fe separada de sus raíces hebreas, mezclada con prácticas ajenas al pacto original.
4. “Salid de ella, pueblo mío”
En Apocalipsis 18:4 se escucha un llamado contundente:
“Salid de ella, pueblo mío…”
Este llamado no es a abandonar a Dios, sino a salir de sistemas religiosos que mezclaron el pacto con influencias paganas.
El paganismo romano se fusionó con estructuras religiosas que terminaron produciendo miles de denominaciones bajo una misma raíz histórica.
La advertencia es clara: Dios llama a Su pueblo a salir de la confusión y volver al pacto.
5. Volver al pacto entregado a Moisés
Moisés recibió el pacto en el Sinaí. Ese pacto define la identidad del pueblo de Israel.
Abandonar la religión no significa abandonar a Jesús. Significa:
- Recibir a Jesús como Señor y Salvador.
- Volver a la obediencia de los mandamientos.
- Recuperar la identidad del pacto.
- Apartarse de prácticas heredadas de sistemas humanos.
Conclusión: Dos requisitos indispensables para la salvación
Según este llamado profético, hay dos fundamentos esenciales:
1️⃣ Recibir a Jesús como Señor y Salvador
Reconocerlo como el Mesías enviado por el Padre para restaurarnos.
2️⃣ Guardar los mandamientos del pacto
Volver a la Ley de Dios como expresión de amor y obediencia.
No se trata de religión. Se trata de pacto.
No se trata de tradición humana. Se trata de identidad restaurada.
Es hora de volver al Padre.
Es hora de salir de la confusión.
Es hora de volver a ser pueblo de Israel.
1 Juan 3:4 "Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley de Moisés; pues el pecado es infracción de la ley de Moisés"